Este post se iba a llamar "Jueves" o "Jueves otra vez", pero no se llama de ningún modo porque el campo para escribir el título ha desaparecido.
Aquí, por Cabello y Paunero los locutorios son muy top. Los monitores son chatitos, chatitos y antes de entrar vi a una señora paseando a un perro que llevaba puestas medias en sus cuatro patas.
Antes, inscripción en unos cursos interesantes que se dictan en la asociación psicoanalítica y caminata loca desde Rodriguez Peña y Juncal, hasta Santa Fe y Scalabrini Ortíz (Caning, Caning, Caning)
"Ya que caminás tanto, pensá" - me dijo.
Y claro que pienso. Mucho pienso. Si para eso es que camino tanto.
Pienso en la obra, en los ruidos, cómo voy a hacer para leer y de qué material va a ser la reja para que el perro no se escape mientras los muchachos entren y salgan diez millones de veces.
Pienso en mi papá que tiene fiebre y vive solo y le duele mucho la cabeza y en el balcón de al lado están arreglando y cada vez que lo llamo escucho los golpes y él me dice que se le parte la cabeza y que por favor, por favor, no me quede en casa mientras dura la construcción.
Veo pasar mucha gente, muy diferente y pienso que en una época si un muchacho no usaba zapatillas blancas topper, bombachas verdes pampero, si no tocaba algún instrumento musical - cualquiera - y el pelo no le pasaba los hombros, ni siquiera lo miraba.
Pienso que en un rato nos encontramos con el arquitecto para ultimar detalles y que la ventana de uno de los dormitorios que planeamos va a quedar pegada casi a la ventana de uno de los dormitorios de la casa de al lado y que eso seguro va a traer problemas.
Pienso que por lo que tengo que pensar caminé poco, y que todo debería ser más relativo.
